sábado 8 de agosto de 2009

Puedo controlar mi carácter?


A continuación copio un resumen de un articulo que se publicó en www.encuentra.com sobre la importancia de controlar el carácter y mantener siempre la serenidad. Hoy vi un ejemplo de esto en la final del mundial, Zidane, por una falta de serenidad se hizo expulsar complicando tremendamente a su equipo, el resultado, quedaron segundos.

¡Hoy en día tenemos tantos problemas y asuntos que resolver! Parece imposible que en medio de tantas preocupaciones y contratiempos, podamos conservar la serenidad para resolver todo sin caer en la desesperación ni afectar a los demás con nuestra impaciencia.

El valor de la serenidad nos hace mantener un estado de ánimo apacible y sosegado aún en las circunstancias más adversas, esto es, sin exaltarse o deprimirse, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.

Cuando las dificultades nos aquejan fácilmente podemos caer en la desesperación, sentirnos tristes, irritables, desganados y muchas veces en un callejón sin salida. A simple vista el valor de la serenidad podría dejarse sólo para las personas que tienen pocos problemas, en realidad todos los tenemos, la diferencia radica en la manera de afrontarlos.

La serenidad no se da con el simple deseo, si así fuera, no tendríamos tiempo de sentirnos intranquilos o desesperados. Usualmente reaccionamos y actuamos por impulsos, privando a nuestra inteligencia de la oportunidad de conocer y dilucidar todas las aristas del problema. Revisemos cuatro ideas básicas para generar serenidad en nuestro interior:

- Evitar “encerrarse” en sí mismo: Encontramos mejores soluciones cuando buscamos el apoyo y el consejo de aquellas personas que gozan de nuestra confianza (los padres, un buen amigo, algún director espiritual, un profesor, etc.) , porque sabemos de antemano que su opinión estará siempre de acuerdo a la razón, la verdad y la justicia.

- Concentrarse en una labor o actividad: Parece contradictorio pensar en mantener la atención rodeados de tanta tensión y preocupación, pero es posible salir de ese estado encaminando nuestros esfuerzos a realizar nuestras labores con la mayor perfección posible. Lo que necesitamos es liberar nuestra mente, salir del círculo vicioso y estar en condiciones de analizar las cosas con calma. No existe mejor distracción que el propio trabajo y la actividad productiva.

- Gozar de la alegría ajena: Normalmente las personas que nos rodean se percatan de nuestro estado de ánimo. ¿Por qué volvernos chocantes y agresivos? Los hijos, el cónyuge, los compañeros de trabajo no tienen la culpa, tampoco son indolentes a nuestro sentir, simplemente intentan hacernos pasar un momento agradable, no debemos alejarnos, ni rechazar estas pequeñas luces que iluminan nuestro día. Escucha las anécdotas, sonríe, ayuda a tus hijos a hacer la tarea… ¡Aprovéchalos!

- Cuidarnos físicamente: Parece elemental y obvia esta observación, pero hay personas que se sienten afectadas de tal modo que dejan de comer y dormir por sus preocupaciones. Todos sabemos que las personas se vuelven más irritables ante la falta de alimento y descanso, por lo tanto, este descuido merma nuestra capacidad de análisis y decisión.

La serenidad hace a la persona más dueña de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes.

miércoles 22 de abril de 2009

Ir voluntariamente al infierno


Un grupo de personas se encontraba reunido en un castillo escocés alrededor de la chimenea en la cual se había hecho un gran fuego. Durante la conversación se hizo alusión al cristianismo. Un hombre elegante y de edad dijo a la dueña de casa: –Por lo que acaba de decir, entiendo que usted es cristiana. ¿Cree seriamente en lo que dice la Biblia? –Sí, fue la respuesta. –¿También cree que los muertos resucitarán?, siguió preguntando el hombre. –Sí, volvió a decir la señora. –¿Y que los que no se hallen inscritos en el libro de la vida irán al infierno? –Sí, lo creo, agregó la señora.
Entonces este hombre cruzó el salón hasta la esquina donde se hallaba la jaula de un periquito. Lo sacó de ella, se dirigió a la chimenea y se dispuso a tirarlo al fuego. Asustada, la señora le tocó el brazo, diciendo: –¿Qué está haciendo? ¡Pobre pájaro! El hombre se rió y dijo: –Oiga, usted siente pena por este pobre pájaro, pero su Dios echa millones de personas al infierno. ¿Es éste un Dios de amor?
La señora le dijo: –¡Usted está equivocado! Dios no echa a nadie al infierno. Nosotros los seres humanos vamos voluntariamente a él. Dios sí quiere que todos seamos salvos.
Aún hoy el Señor Jesús ofrece gratuitamente el medio de escapar del infierno, ese lugar de desdicha. En Apocalipsis 22:17 leemos: “El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo 12 de abril de 2009

Que somos...