miércoles, 18 de marzo de 2009

Una simiente viva





La semilla es la palabra de Dios.
Lucas 8:11


Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.
1 Pedro 1:23


La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos.
Hebreos 4:12

Recuerdo que un día mi profesor de biología, un creyente, tomó unas semillas, nos las mostró y dijo: –La composición de esta semilla es nitrógeno, hidrógeno y carbono. Se podría fabricar una semilla parecida a ésta, pero ello no tendría ningún interés, porque si sembrara una semilla fabricada así, sencillamente sería absorbida por la tierra. En cambio, si siembro las semillas que Dios creó, producirán plantas, porque contienen el misterioso elemento que llamamos «el principio de la vida».
Luego, tomando su Biblia, prosiguió: –Esta Biblia se parece a otros libros, de los que algunos son tan antiguos como la Biblia. Pero sólo la Biblia es la Palabra de Dios, viva y permanente, una simiente incorruptible que nos puede hacer nacer a una vida nueva. Es imposible comprender su maravilloso poder; pero esta simiente divina sembrada en una buena tierra, es decir, en un corazón dispuesto a escuchar a Dios, demostrará que lleva en sí misma el principio de vida. Nos hace pasar de la muerte a la vida eterna, de la antigua a la nueva creación, de las tinieblas a la luz.
“Dios… os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

Extraido del devocionario "La buena semilla" día 18 de marzo 2009

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