domingo, 23 de noviembre de 2008

Gracias a Dios tengo problemas...




(Salmo 73:1-28)
En verdad, ¡cuán bueno es Dios con Israel,
con los puros de corazón!
Yo estuve a punto de caer,
y poco me faltó para que resbalara.
Sentí envidia de los arrogantes,
al ver la prosperidad de esos malvados.
Ellos no tienen ningún problema;
su cuerpo está fuerte y saludable.[1]
Libres están de los afanes de todos;
no les afectan los infortunios humanos.
Por eso lucen su orgullo como un collar,
y hacen gala de su violencia.
¡Están que revientan de malicia,
y hasta se les ven sus malas intenciones!
Son burlones, hablan con doblez,
y arrogantes oprimen y amenazan.
Con la boca increpan al cielo,
con la lengua dominan la tierra.
Por eso la gente acude a ellos
y cree todo lo que afirman.
Hasta dicen: "¿Cómo puede Dios saberlo?
¿Acaso el *Altísimo tiene entendimiento?"
Así son los impíos;
sin afanarse, aumentan sus riquezas.
En verdad, ¿de qué me sirve
mantener mi corazón limpio
y mis manos lavadas en la inocencia,
si todo el día me golpean
y de mañana me castigan?
Si hubiera dicho: "Voy a hablar como ellos",
habría traicionado a tu linaje.
Cuando traté de comprender todo esto,
me resultó una carga insoportable,
hasta que entré en el santuario de Dios;
allí comprendí cuál será el destino de los malvados:
En verdad, los has puesto en terreno resbaladizo,
y los empujas a su propia destrucción.
¡En un instante serán destruidos,
totalmente consumidos por el terror!
Como quien despierta de un sueño,
así, *Señor, cuando tú te levantes,
desecharás su falsa apariencia.
Se me afligía el corazón
y se me amargaba el ánimo
por mi *necedad e ignorancia.
¡Me porté contigo como una bestia!
Pero yo siempre estoy contigo,
pues tú me sostienes de la mano derecha.
Me guías con tu consejo,
y más tarde me acogerás en gloria.
¿A quién tengo en el cielo sino a ti?
Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu,[2]
pero Dios fortalece[3] mi corazón;
él es mi herencia eterna.
Perecerán los que se alejen de ti;
tú destruyes a los que te son infieles.
Para mí el bien es estar cerca de Dios.
para contar todas sus obras.


Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti. Sal 73:21, 22.

Hay cosas que no tienen explicación. Un día visité en el hospital a una joven que había intentado suicidarse. El novio la había dejado faltando solo tres semanas para el casamiento.

"¿Por qué Dios permitió que me pasara eso a mí?", me preguntó llena de amargura. A veces me gustaría tener todas las respuestas. Las personas se sienten asfixiadas por aquel dolor: ¿Por qué hay padres que perdieron a su hijo, gente que fue víctima de una tragedia? ¿Por qué hay personas sinceras que no logran entender tantos "porqués" de la vida?

El salmo de hoy describe la amargura que sintió un hombre al preguntarse tantas cosas y recibir como respuesta apenas el silencio de Dios. Este hombre se llamaba Asaf. Hay cosas que él no entendía. ¿Por qué los justos sufren y los impíos prosperan? ¿Qué clase de Dios es ese que parece incapaz de atender el clamor de sus hijos?

Para poder comprender algunas cosas tú necesitas retirarte, meditar, observar y permitir que Dios te hable al corazón. Fue lo que le pasó al salmista. El Salmo 73 es el fruto del tiempo que Asaf tomó para meditar.

La reflexión de Asaf no fue aquella reflexión introspectiva o filosófica, a través de la cual tú pretendes llegar a respuestas dentro o alrededor de ti, analizando las circunstancias que envuelven los hechos. Asaf dice: "Cuando pensé para saber eso, fue duro trabajo para mí, hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos". *

El Santuario no era para Israel apenas un templo físico, era también la presencia de Dios. A solas con Jesús, en su compañerismo y en sus brazos, tú verás que hasta las cosas incomprensibles de esta vida, tienen sentido.

Cuando finalmente Asaf entendió que las conquistas y victorias de los impíos no significan necesariamente una victoria, que el sufrimiento de los justos no es una derrota, tuvo vergüenza y dijo: "Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; era Como una bestia delante de ti".

*Sal. 73:16, 17.

No hay comentarios: