viernes, 25 de julio de 2008

La piedra que nos interpela


En la antigua catedral de Lübeck (ciudad de Alemania) se lee, grabado en la piedra:

Cristo, nuestro Señor, nos habla así:

–Me llaman Salvador, pero no dejan que yo los salve:

–Me llaman la luz, pero no creen en mí:

–Me llaman el camino, pero no me siguen:

–Me llaman la vida, pero no me requieren:

–Me llaman maestro, pero no me escuchan:

–Me llaman sabio, pero no me interrogan:

–Me llaman todopoderoso, pero no confían en mí.


No se extrañen si no los conozco.


Cada una de estas palabras nos interpela y nos invita a poner nuestra vida diaria en orden, de acuerdo con nuestra profesión de fe. Dios no se detiene en lo que decimos, sino que quiere “la verdad en lo íntimo” (Salmo 51:6). Cuidémonos de no merecer el reproche que Jesús hizo en otros tiempos a los escribas y fariseos: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8). “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:15-16).“Sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:19-20).


No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Mateo 7:21


¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
Mateo 25:11-12

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